Posts Tagged “velo”

Josep Maria Cerdà- Luxemburgo

Mi amigo Ahmed, marroquí y musulmán de nacimiento, francés y ateo por convicción, vive en uno de esos suburbios franceses donde los valores de la comunidad étnica de pertenencia predominan sobre los valores de la República.

Al comentar el tema del velo islámico, mi amigo, que sabe de lo que habla, me dijo: “No te llames a engaño, detrás de una niña o una adolescente con velo siempre hay alguien”. Y continuó: “Ponerse el velo no es análogo a ponerse una gorra o un piercing. Un velo es un signo externo de adhesión a un proyecto de vida a la que la niña o adolescente no podrá renunciar nunca más, so pena de desgarro moral y expulsión de su comunidad”.

Para solventar la contradicción que supone en una sociedad democrática el no tolerar ninguna forma de discriminación religiosa, étnica o de género por un lado y el garantizar el derecho de todo individuo a su vestimenta por otro, Ahmed propone que se proscriba el uso del velo en las menores de edad. Es en la niñez y adolescencia, cuando se va forjando la identidad personal, que una mujer es más proclive a ceder a las presiones del entorno. Y es el rol de la sociedad democrática de impedir que esto ocurra y asegurarse que el ponerse un velo sea realmente una opción personal. La de permitir el velo cuando una ha alcanzado la mayoría de edad legal de 18 años y se supone tiene la suficiente madurez personal me pareció una solución clara y sencilla, inteligible para todo el mundo, que merece la pena exponer públicamente.

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Con el caso de la joven Najwa Malha, se ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre el uso del velo islámico, prenda que cubre la cabeza pero deja bien visible el rostro. La menor quería seguir llevando el velo en el aula, a pesar de que su centro, el instituto público Camilo José Cela, en Pozuelo de Alarcón (Madrid), prohíbe su uso, una norma refrendada por el consejo escolar. Finalmente, Najwa proseguirá sus estudios en el instituto Gerardo Diego, de la misma localidad, donde ya hay otras alumnas que asisten a clase con hiyab. En medio, otro instituto de la misma población cambió su reglamento para evitar tener que acoger a la protagonista de este rocambolesco episodio. Mientras, la Comunidad de Madrid, responsable de las competencias en Educación, ha rechazado regular este asunto y ha defendido la autonomía de cada centro a la hora de fijar criterios.

El derecho a la educación y el pluralismo religioso son principios constitucionales que deben armonizarse con sentido común y sin crear conflictos innecesarios. La convivencia de personas de orígenes, credos y costumbres diferentes es el mayor reto de las democracias avanzadas y ello exige diferenciar lo sustancial de lo accesorio. Saber colocar las líneas rojas en su lugar es lo que da fortaleza y legitimidad al Estado de derecho. En este sentido no debe confundirse el uso del velo con el de otras prendas que, como el burka y el niqab, son verdaderas cárceles que impiden la presencia normal de la mujer en la sociedad. Por otro lado, la deseable autonomía escolar no debería implicar que los consejos tomen decisiones que pueden rebasar sus atribuciones.

Sin caer en un exceso normativo, los poderes públicos deben señalar criterios generales para evitar el desconcierto de familias y docentes, así como la manipulación de estos casos en manos de sectores extremistas de signo diverso. Una cosa es la neutralidad religiosa en los colegios e institutos de titularidad pública y otra, muy distinta, la exhibición de símbolos religiosos por parte de los alumnos, en virtud del derecho que tiene cada ciudadano a expresar sus creencias o la ausencia de las mismas. El velo no es equivalente a una gorra deportiva, sino a la cruz que se luce como un colgante.

La comunidad musulmana debe reflexionar también sobre la necesidad de modular y adaptar sus costumbres a cada situación. No siempre el uso del velo puede tener preeminencia, pensemos por ejemplo en las clases de gimnasia. Es labor de los líderes religiosos ayudar a esta labor imprescindible de integración.

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Alicia Rodríguez- Madrid

La polémica sobre el hiyab se convirtió ayer en un cruce de acusaciones entre el Gobierno y el Ejecutivo de Esperanza Aguirre. El ministro de Educación, ÁngelGabilondo, advirtió sin ambages que situaciones como la de Najwa, la joven de 16 años que ha tenido que cambiar de instituto en Pozuelo de Alarcón (Madrid) por querer usar velo islámico en clase, puede llevar a la segregación. “Me inquietan las medidas desde el punto de vista de la escolarización, que empecemos con el trasiego de estudiantes, que se segregue a los alumnos por razones ideológicas, no vaya a ser que hagamos colegios de un tipo o de otro”, advirtió. Gabilondo se mostró partidario además de revisar los reglamentos internos de los centros – en los que se han apoyado tanto donde estudiaba hasta ahora Najwa, el instituto Camilo José Cela, como el que era la primera opción para acogerla tras darse de baja, el San Juan de la Cruz-.

A pesar de que desde ayer Najwa tenía plaza en el centro público Gerardo Diego, la muchacha no se presentó a primera hora de la mañana. Según el portavoz de la familia, Said Alilech, la menor no ha acudido a clase por decisión de la familia y en espera de que “se calme todo un poco”. La consejera de Educación, Lucía Figar, apuntó la posibilidad de que entre ayer y hoy la menor se vaya incorporando “con normalidad”.

Lo que no aclaró el ministro de Educación fue qué instancia debe hacerse cargo de comprobar la “coherencia” del régimen interno de cada escuela. Otros dos miembros del Gobierno socialista, el vicepresidente Manuel Chaves y el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, aprovecharon también para cuestionar la actuación de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Caamaño pidió al Gobierno madrileño que contribuyera “a buscar fórmulas para compaginar el derecho a la educación con el de libertad religiosa”, al tiempo que ha opinado que “no es lo mismo llevar un velo que una gorra”.

Por su parte, la Consejería de Educación insistió en defender que, si es necesario controlar el reglamento interno de los centros, la pelota está en el tejado del ministerio, ya que la organización actual se rige por lo que establece la ley orgánica de Educación (LOE).

El segundo centro que dio el portazo a Najwa, el instituto San Juan de la Cruz, trató de explicar ayer su decisión de cambiar en sesión extraordinaria su reglamento interno para prohibir el velo islámico en clase con argumentos paradójicamente similares a los de Gabilondo. En un comunicado, señaló que la modificación de las normas de convivencia se realizó “con el fin de proteger los derechos educativos de los alumnos, de no contribuir a la segregación de estos por centros, ni a la creación de guetos”. El consejo escolar se quejó de que había pedido infructuosamente asesoramiento a la consejería, hecho que Educación ha negado.

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Naiara Galarraga- Madrid

Una gran encuesta europea revela qué opinan en frío los españoles sobre la presencia del hiyab en clase: la mitad lo rechaza. A un 21% el asunto le resulta indiferente y el 28% está de acuerdo con que las alumnas musulmanas puedan estudiar (en escuelas, universidades,…) con el pelo y el cuello cubiertos por el velo musulmán. Ser de derechas, de izquierdas o de centro; religioso o laico; hombre o mujer; de clase alta o baja no influye de manera significativa en la opinión de los españoles sobre el velo. La edad y el nivel educativo, sí, pero poco. Los más jóvenes y las personas con mayor formación son más partidarios de que se permita el velo musulmán en las aulas, según el informe European Mindset , un estudio de la Fundación BBVA sobre la identidad, la visión y los valores de los europeos, presentado el martes en Madrid.

Es la opinión en frío porque las encuestas se hicieron a finales de año pasado, mucho antes de la polémica sobre la adolescente española de origen marroquí Najwa Malha. La postura española es muy similar a la media europea. Que un alumno muestre símbolos cristianos en clase, que lleve una cruz colgada del cuello, por ejemplo, no es un asunto muy controvertido. El 49% de los españoles y el 54% de los europeos aprueba la cruz; el 24% en España y el 26% en la UE la rechaza. La kipá judía genera cierto rechazo y el velo musulmán aún más.

La opinión media europea, sin embargo, oculta una enorme disparidad, con Dinamarca en el extremo de los partidarios de permitir lucir símbolos religiosos y Bulgaria junto a Francia y Alemania como detractores.

El informe de la Fundación BBVA se basa en 21.000 encuestas en 12 países de la UE además de en Suiza y en Turquía.

El estudio también revela que los preguntados son mayoritariamente partidarios de la separación entre la religión y el Estado, con la laica pero muy practicante Turquía a la cabeza. La mitad aprueba que el Estado apoye la religión.

La religiosidad afecta directamente a las decisiones con una dimensión moral. Este estudio constata que España “se distancia claramente de los países que se definen como más religiosos”. Son más los europeos que ven aceptable la eutanasia que los que aprueban el aborto. En el caso de España la diferencia es más acusada aún porque la aceptación de la eutanasia, entendida como “ayudar a morir a un enfermo en fase terminal de una enfermedad incurable y que no quiere seguir viviendo”, es alta, está por encima de la media europea. Aunque queda lejos de Bélgica, el único de los países estudiados donde es legal, o de Suiza, donde ayudar a alguien a suicidarse no es delito.

Las opiniones sobre el aborto están aún más divididas que sobre la eutanasia en la Unión Europea. Y también en España, que en este asunto está prácticamente en la media: algo más de la mitad aprueba la interrupción voluntaria del embarazo, la otra mitad lo desaprueba. El aborto, como también ocurre en el caso de la ayuda a morir, genera mayor rechazo en los países donde mayor importancia tiene la religión, como la católica Polonia, la ortodoxa Grecia o la musulmana Turquía.

Al filósofo del CSIC Txetxu Ausin no le sorprende que la eutanasia sea mejor aceptada que el aborto. El primer caso se refiere al “final de la vida de una persona autónoma que ha decidido libremente que no merece la pena seguir viviendo lo que no considera una vida ni digna ni plena”. En cambio, añade el filósofo, el aborto ya no afecta sólo a “la libertad personal de la mujer, también hay una vida potencial en juego”.

En una escala en la que 0 es totalmente inaceptable y 10, totalmente aceptable, los españoles ven con bastantes mejores ojos (5,7) que la media europea (4,2) tanto el matrimonio entre personas del mismo sexo como que las parejas homosexales adopte niños (5,3 en España; 3,9 en la UE), prácticas legales ambas en España. Los españoles (5 frente a 3,6 en la UE) son algo menos favorables a que dos hombres o dos mujeres puedan concebir un bebé gracias a donantes de semen o de óvulos. Incluso para los daneses, los europeos que más aprueban este tipo de nuevas prácticas sociales, el matrimonio gay (8,3) es más aceptable que la paternidad gay (6,9). Las madres de alquiler, en cambio, autorizadas en un par de estados de EE UU y regulado en Reino Unido, no convencen ni siquiera a la mitad de los europeos (4,6).

La infidelidad es la conducta que peor nota saca, la más inaceptable para los europeos con un 3,4, aunque los españoles son los que más lo aprueban.

Otras conductas personales en las que también influye la moral que hace sólo unas décadas eran tabú en buena parte de Europa, incluida España, gozan de gran aceptación. Es el caso de los que viven en pareja sin casarse, del divorcio -no hay más que ver lo efímera que fue la polémica sobre la hoy muy popular princesa Letizia- y de ser padre o madre soltera: el revuelo porque la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, tuvo un hijo sola duró un suspiro.

Europeístas, pero poco aficionados a viajar

Los españoles son europeístas pero viajan menos a otros países del continente que sus vecinos. El 41% visitó en el último lustro otro país del continente frente al 53% de la media, que oscila entre el 92% de los daneses al 4% de los turcos. Los europeos se desplazan sobre todo por un motivo: el ocio. Los viajes por trabajo o por estudios siguen siendo minoritarios. En el primer apartado, España está en la media, en el segundo, por debajo.

El estudio de la fundación BBVA sobre la identidad y los valores de los europeos, que analiza 12 países de la UE más Turquía y Suiza, también indica que más españoles (28%) que la media (21%) tienen parientes en el extranjero.

El contacto con el resto del continente, sea porque uno viaja o porque tiene amigos en otros lugares, es en general mayor entre los hombres, los que tienen entre 25 y 34 años, los de mayor formación académica y clase social más alta.

Entre los europeos, destacan los españoles porque son los que menos se sienten solamente de su país. Se define como solamente español el 26% (la media es del 45%); el 38% es más español que europeo; y el 27% tan español como europeo. La mayoría cree que Europa se construye a sus espaldas.

Para los encuestados, los valores que caracterizan a Europa incluyen, los valores cristianos, además de los derechos humanos, la libertad de expresión, la democracia, la tolerancia y el pacifismo. Los españoles coinciden menos que el resto en el peso de lo cristiano.

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