LA VANGUARDIA- Article d’opinió: ‘¿Son un problema los ni-ni?’
Enviat per recullpremsa dins de GeneralFausto Miguélez
Recientemente se ha propuesto en Catalunya un programa de formación con prácticas remuneradas a los jóvenes que ni trabajan ni estudian (los llamados ni-ni) con el fin de darles la oportunidad de entrar en el mercado de trabajo. Se supone que lo normal es que las personas de esa edad deberían estar estudiando o deberían trabajar, y que la actual crisis les está cerrando el paso de manera dramática. Situemos primero el fenómeno en sus justos términos para evaluar después posibles soluciones.
Contra lo que se suele creer, en el 2010 hay menos ni-ni que en el 2005. En el 2005 los jóvenes españoles que podrían ser calificados de esa manera, entre 16 y 24 años, eran 587.000, según la EPA; en el 2010, siendo más numeroso el colectivo general de referencia, son 410.000. Por tanto, la primera conclusión es que el problema es menos grave hoy que hace cinco años. Pero conviene que examinemos los dos ni por separado.
En términos absolutos, el volumen mayor está entre los que no han estudiado más allá de la secundaria obligatoria (algunos ni cuentan con el graduado) y tienen hasta 18 o 19 años; podrían haber llegado al bachillerato o la FP, lo que no han hecho. ¿Abandono o fracaso escolar? Tampoco han trabajado. Este colectivo ha bajado de 231.000 en el 2005 a 134.000 en el 2010. Por tanto se han dado pasos interesantes. Hay menos abandono, la FP está más solicitada. La crisis ha influido en ello: ha devuelto a las aulas a jóvenes que las habían abandonado.
Luego está el ni relativo al trabajo. Analicemos el colectivo entre 20 y 24 años, que ya no tienen edad de estudiar y que lo normal es que trabajen. Aquí hemos pasado de 156.000 en el 2005 a 94.000 en el 2010. Evidentemente, son aún bastantes, pero las cifras también nos dicen que la crisis ha llevado a muchos de ellos a trabajar, quizá a estudiar. Significa que el periodo de expansión permitía a muchos jóvenes contar con unos recursos, familiares u otros, o unas perspectivas que no tienen ahora.
Las políticas sobre el colectivo nini deberían tener una doble dirección. Una, lograr que el máximo posible de jóvenes estudien hasta los 18 años, edad que la mayoría de países de la UE asumen como límite de formación mínima para tener una base sólida para futuros cambios profesionales. Se debería seguir prestigiando la FP e incentivando a las familias. Dos, incrementar las oportunidades de empleo para estos jóvenes, pues probablemente son jóvenes desestructurados o sin experiencia laboral. Aquí es fundamental la labor de los ayuntamientos mediante las escuelas taller o prácticas en empresas donde realmente tengan visos de inserción, y que no se quede en una subvención disfrazada durante un cierto tiempo.
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