Cebrià M. Pifarré, monje de Montserrat, estudioso de los padres de la Iglesia

Hace medio siglo se ordenó monje en Montserrat. No se arrepiente, si bien admite que fue duro al principio. El padre Pifarré es sabio y erudito, estudioso de los orígenes del cristianismo. Autor de Literatura cristiana antigua (Publicacions de l’Abadia de Montserrat), es profesor del Institut Superior de Ciències Religioses de Barcelona (Iscreb), cuya lección inaugural leyó este curso hablando de Los padres de la Iglesia, lecciones de espiritualidad para el siglo XXI.Muchos de aquellos padres fueron coetáneos de la hoy célebre Hipatia. Pifarré está en buenas condiciones para contextualizar un episodio del que dice: “Como cristiano, ver a los cristianos violentos de Ágorame ha incomodado”.

Tengo 69 años. Nací en Barcelona y vivo en el monasterio de Montserrat. Soy monje benedictino desde hace 50 años. Soy doctor en Teología. Soy célibe y sin hijos. ¿Política? Soy un catalán abierto a todos. La comunión con los pobres es el reino de Dios

VÍCTOR-M. AMELA
Qué le ha parecido Ágora?

Bellas escenas, buen nervio  narrativo y sesgo ideológico.

¿En qué sentido?

Polariza el relato entre la sabia Hipatia y el obispo Cirilo: a ella la baña con toda la luz, la razón, la ciencia, la cultura y la belleza; a él, con toda la intolerancia, el oscurantismo, el integrismo, el fanatismo y la fealdad.

¿Y?

Que la realidad alejandrina de los siglos IV yVera más matizada, con muchos claroscuros: judíos, cristianos, gnósticos, paganos…

Vemos ahí a cristianos muy brutos…

Y los hubo: gente campesina muy primitiva y ruda, coptos que reivindicaban su lengua frente a la helenización. Pero también había cristianos de fina sensibilidad y alta cultura.

¿Por ejemplo?

Clemente de Alejandría (s. II-III d. C.), humanista, flexible, amable… Orígenes (s. III d. C.), místico y lucidísimo, que los paganos hubiesen adorado… Dídimo el ciego (s. IV d. C.), que memorizaba e impartía sabias materias en griego. O Sinesio, discípulo de Hipatia que se bautizó. O el propio Cirilo.

¿Sí? ¿Qué tal era Cirilo de Alejandría?

Un hombre culto. El cristianismo alejandrino era débil y Cirilo tuvo que atraerse a anárquicos y brutos monjes del desierto…, que en su rudeza odiaban todo lo helénico.

¿Y por eso mataron a Hipatia?

Sí, por envidia de su prestigio y aura, por ser mujer y culta, por su ascendiente sobre cristianos ilustrados y helenizados…

Violencia cristiana sí hubo, entonces.

Y judía. Y pagana. A menudo andaban a trompazos todos con todos. Cirilo sucedía a su corrupto tío Teófilo de Alejandría, que sí fue radical y tiránico…

¿Qué le diría usted a Hipatia?

Era sensible y amaba el conocimiento, me sentiría a gusto a su lado, nos llevaríamos muy bien. Le explicaría que algunos padres de la Iglesia y teólogos ulteriores tildaron de vergonzosa la acción de esos cristianos.

¿Quiénes son los padres de la Iglesia?

Sabios cristianos de los primeros siglos del cristianismo. Hoy todavía son inspiradores.

¿Cuál es su predilecto?

Agustín de Hipona (s. V), comerciante rico que, obsesivo buscador de la verdad, se convirtió al cristianismo a los 33 años.

¿Se atrevería a resumirme su doctrina?

Uno: In necesitas, unitas.Dos: In dubis, libertas.Tres: In omnibus, caritas.

Traducción

. En lo necesario, ¡unidad! En la duda, ¡libertad! Y, en todo, ¡amor!

Si amas no yerras: ¿es eso, no?

Claro, y esa fue la actitud de los primeros grupos cristianos: fíjese en Akakios de Amida, en Siria…

No tengo el gusto. ¿Akakios?

Un obispo que vendió todos los tesoros de su comunidad para rescatar a miles de presos persas en manos romanas y darles comida para que volviesen a su reino. ¡Ejercían la caridad al extremo, sin excusas! O fíjese en Juan Crisóstomo, dedicado a fundar hospitales, hostales y orfanatos en Antioquía: facilitaba cada día sopa para 3.000 pobres y viudas en Constantinopla…

Santos varones, ciertamente.

Y mujeres, también, como Blandina: joven esclava lionesa convertida al cristianismo, mientras la torturaban proclamaba a sus jueces: “¡Soy cristiana!”. ¡Mujer y esclava, decir eso le confería identidad, personalidad!

¿Murió?

Sí, tras ser mordida por fieras, corneada por un toro, quemada con hierros candentes y degollada. Era el año 177. De esa época es Ireneo de Lyon, que postuló algo fundamental: ¡la humanidad de Jesús!

¿Qué tenía de meritorio postular eso?

Había muchos grupos cristianos gnósticos: no concebían que Dios pudiese ser crucificado. Así, sostenían que lo de la cruz había sido sólo un truco de Dios. Pero Ireneo lo dejó claro: Jesús era logos-sarx (Verbo encarnado), o sea, Dios hecho hombre… y haciendo algo asombrosamente humilde.

Dejarse crucificar.

Sí. “La omnipotencia de Dios se revela en la omnidebilidad de la cruz”, apunta el teólogo Jüngel. Era algo inaceptable tanto para las mentalidades helena (cuyo referente son los dioses olímpicos) y judía (tan pendiente de la gloria de Dios).

Hábleme de otro padre de la Iglesia.

Cipriano de Cartago, nacido rico y pagano, se hará cristiano a los 40 años, deslumbrará con su brillante retórica y será obispo. Perseguido por el emperador Decio, abogará por que los apóstatas puedan ser luego readmitidos en la Iglesia si observan una penitencia. Murió decapitado en el año 250.

Otro padre, padre.

Atanasio de Alejandría, obispo en el siglo IV d. C., que defiende la divinidad de Jesús contra los arrianos, que eran cristianos que sostenían que Jesús emanaba de Dios… pero no era Dios.

¡Cómo se pirraban por discutir!, ¿eh?

Pues quedémonos con el monje Arsenio (sigloV d. C.), anacoreta en el desierto egipcio, decidido a… ¡a guardar silencio siempre! Un día el obispo Teófilo de Alejandría…

¿Aquel pérfido tío de Cirilo?

Sí. Teófilo anunció que visitaría a Arsenio. Y entonces otros anacoretas le preguntaron al ermitaño si accedería a hablarle…

¿Y dijo algo?

Les hizo un aislado y único comentario: “Si Teófilo no puede comprender mi silencio, ¿cómo podrá entender mis palabras?”

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